"No seas como tantos escritores, no seas como tantos miles de personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso, no te consumas en tu amor propio."

Charles Bukowski



15 de abril de 2014

Noocracia YA


-   ¿Puedo hacerte una pregunta indiscreta?
-   Te contestaré también con indiscreción.
-   ¿A quién vas a votar?
-   ¿Qué a quién? Imaginé que lo sabrías.
-   Eres un poco raro, es difícil adivinarlo.
-   No voy a votar, esta vez no. Dejo el circo.
-   ¿Cómo no vas a votar? Sólo estás desencantado, pero debes pensarlo fríamente.
-   Lo tengo todo pensado. El domingo por la mañana me afeitaré, me ducharé y me masturbaré, sin asomo de lujuria ni deseo, pensando en la paliza que le daría a esos comemierdas que no paran de pedirme el voto. Luego bajaré a comer, seguramente al restaurante del puerto. Sirven un vino blanco que sabe a miel, y los chopitos los hacen de maravilla. Y luego está el sonido de las olas mientras masticas, el olor de la sal… espero estar suficientemente borracho a la hora del recuento como para no enterarme de nada. Y así seguir un par de días, hasta que algún capullo se encargue de destriparme el resultado final.
-   Estás hablando en broma.
-   Para nada. No es un asunto sobre el que suela bromear.
-   ¿Pero cómo no vas a votar a nadie? Debes ejercer tu derecho. Nuestros abuelos, nuestros padres lucharon toda su vida porque hoy nosotros podamos ejercer nuestra libertad de votar al comemierda que queremos que nos gobierne. Muchos murieron por la democracia.
-   También muchos murieron en las cruzadas y era una empresa salvaje. Otros murieron por Hitler, por Franco, por Pinochet, por Stalin, por Alá. La muerte de las personas no sacraliza su causa.
-   Salvo que en este caso murieron por la democracia, no por ideales religiosos ni por ansia de conquista. Por la democracia. Porque nosotros pudiésemos, para bien o para mal, elegir a nuestros gobernantes.
-   Tus argumentos no me convencen. Mis abuelos, mis padres, no lucharon por la democracia. Lucharon por la justicia, por la libertad, por el amor, por el fin de las guerras, por la igualdad entre sexos y razas. Y fracasaron. Se ganaron unas cuantas batallas, no digo que no, pero la guerra tiene un claro vencedor. La democracia que defiendes es el más sofisticado engranaje de sumisión diseñado por la humanidad. Te da esperanza. Todos sabemos que las cosas van mal, que la sociedad actual es tan desigual o más de lo que era hace un par de siglos. Pero todos tenemos la esperanza de que si votamos a otros, las cosas cambiarán. La pregunta es: ¿cuánto tiempo tiene que pasar para darnos cuenta de que las cosas no van a cambiar?
-   Yo sí votaré. Por muy inútil que sea, porque no votar tampoco cambiará nada.
-   Haces bien, cada uno pierde su tiempo como quiere.
-   ¿Y cuál sería tu ideal de sociedad? ¿El comunismo? ¿El anarquismo?
-   ¿Anarquismo? No, que va. Ese es un ideal demasiado utópico. La gente no está dispuesta a perder tres horas diarias de su vida haciendo política en las asambleas de una comuna hippie. Pedimos a gritos ser sometidos, que las decisiones sobre nuestra vida las tomen otros. El voto sólo nos quita una hora de vida cada cuatro años, y sirve para que no nos sintamos tan irresponsables.
-   ¿Entonces, cuál sería tu organización política ideal de la sociedad?
-   No tengo ni idea. A veces creo que la noocracia socrática sería una buena solución. Parto de la base de que la gente es demasiado estúpida como para saber lo que le conviene, e incluso para distinguir moralmente lo correcto de lo incorrecto. Y asumo que el mecanismo puesto en marcha por las élites para embrutecernos es un trabajo muy fino, gestado a lo largo de varias décadas, y casi imposible de parar. Existen millones de trabas para el desarrollo de la inteligencia en las masas. Programas televisivos que aíslan los hemisferios cerebrales, los fenómenos de masas mundiales creados por internet, los smartphones y sus adictivas aplicaciones, la competencia deportiva, las modas efímeras creadoras de insatisfacción continua, la información obvia y desmoralizadora de los medios de comunicación, las jornadas de trabajo de ocho y diez horas, las actividades extraescolares de los niños, la obsesión por el físico, la comida basura, la conversión del arte en entretenimiento… Cada año el mundo gira más deprisa, y los cerebros funcionan más despacio. La única salida es quitarle el poder a los estúpidos y dárselo a los sabios. Sabios humanistas. Si alguien tiene que decidir por nosotros que al menos sean ellos.
-   ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Te cargas la libertad de un plumazo, aunque sea escasa la que ahora tenemos. Puedes decirlo con palabras más o menos bonitas, pero hay una que resume perfectamente esa forma de gobierno. Una dictadura.
-   Puede ser. Pero se me olvidaba otra de las grandes virtudes de la democracia: es un nombre mucho más bonito que el de dictadura. Pero son sinónimos. Y dime, ¿es que acaso nos pueden ir peor las cosas? Pregunta en Sudán, o en Taiwan, o en Haití a ver qué te dicen.
-   Sus democracias son débiles, están corrompidas, y en resumen, tienen poco de democracias. No me compares, también podríamos hablar de Finlandia, o de Suiza, o de Canadá.
-   La corrupción y debilidad de sus democracias son un elemento indispensable para que finlandeses, suizos y canadienses vivan como viven. Desengáñate, para que tu móvil tenga GPS se necesita esclavizar a la mitad del planeta.


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